viernes, 27 de abril de 2007

INTEGRACIÓN REGIONAL EN UN MUNDO GLOBALIZADO: LIDERAZGOS, DESAFÍOS, CAPACIDAD DE GESTIÓN.

VERSIÓN PARA EL BLOG

Por FABIO ANDRÉS RIBERO SALAZAR
Comunicador Social – Periodista
Relacionista Internacional. UJTL
Maestría en Relaciones Internacionales. AUI



RESUMEN
El mundo ha cambiado. Si se trata de comenzar con definir la palabra integración con la cual se concreta este trabajo y además se desarrollará durante todo el discurso, tratando de concretar la importancia de integrar el comercio, la cultura y la relanzamiento de la idea de integración por otros caminos más promisorios que construyan un ideal de mundo, donde todas las Naciones y Estados articulen sus esfuerzo en un bien común.


PALABRAS CLAVES
Relaciones Internacionales, economía, integración económica, globalización.


La idea de la integración de América Latina había llegado a un punto que pudiera haberse considerado como final, a no ser por la subsistencia de algunos organismos, que al decir de Godoy, muchas veces perduran más que las propias ideas que las crearon.
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Es así que si hablamos de globalización y de integración regional no lo podríamos hacer sin referirnos al contexto económico, social y político dentro del cual se han desenvuelto estos procesos. Y en las Américas tenemos una historia que en los años 90 tiene sus particularidades.
Hemos clausurado décadas de aislacionismo, de confrontación y de desconfianza. Hemos ido dejando atrás ese pesimismo atávico en las posibilidades de nuestra relación común y el lenguaje siempre confrontacional y divisivo.
Un nuevo espíritu guía nuestras relaciones. Ha habido cooperación, entendimiento y por sobre todo una creciente convergencia de principios y valores y la convicción de que tenemos un destino común. Hemos logrado converger no solo alrededor de los elementos básicos de la democracia, de como defenderla de los peligros que la acechan, sino también alrededor de lo que significa la defensa de los derechos individuales y las libertades públicas.
Pero al mismo tiempo, hemos retomando el papel de la iniciativa privada y del mercado en la asignación de los recursos productivos, y el del Estado y sus responsabilidades sociales como ente de regulación, supervisión y control. Asimismo, compartimos la idea de que la paz, la prosperidad y la estabilidad regionales se construyen mejor sobre la base del comercio abierto y no discriminatorio.
Si bien es cierto que América Latina y el Caribe enfrentan todavía viejos y complejos desafíos, las perspectivas del hemisferio siguen siendo auspiciosas. Ha habido desde luego tropiezos pero existe ahora mayor realismo sobre nuestras posibilidades. Por unos pocos años, después de la primera oleada de reformas y de la retórica del fin de la guerra fría, vivimos una especie de euforia desbordante y muchos pensaron que el camino al desarrollo seguiría una senda rectilínea. Nos encontramos, sin embargo, con algunas desafortunadas sorpresas y algunas duras realidades, y debimos reconocer que no hay atajos, caminos cortos, milagros, ni fórmulas simples o sencillas.
Lo que hay es oportunidades y buenas o malas políticas. De nuestro tino para escogerlas y de la voluntad y coraje que tengamos para adoptarlas y persistir en ellas, depende nuestro futuro superada de manera tan exitosa la crisis mexicana que hace ya casi un quinquenio hizo tambalear la certidumbre en el curso que debían seguir nuestros países y en trance de sortear la crisis asiática, debemos llamar la atención sobre un cierto desencanto que en algunas de nuestras naciones ha producido el proceso de reforma económica. Más que un movimiento masivo coherente contra las reformas, este ha tomado en muchos países la forma de un escepticismo colectivo que en ocasiones ha estimulado la aparición de propuestas populistas y de protestas populares.
Ese escepticismo también se extiende a las bondades de la democracia. Muchos en nuestro hemisferio empiezan a identificarla con sus enemigos, con los males que la aquejan. Sin embargo, a pesar de esos brotes, ningún país ha dado marcha atrás. Las reformas económicas, la mayor competencia, el creciente papel del mercado, siguen siendo por doquier cambios apreciados, pero que han ido perdiendo el brillo político, la novedad, la fuerza incontrastable que poseían en la primera mitad de la década. Más que dar marcha atrás lo que los habitantes del hemisferio quieren y reclaman es que las reformas lleguen a las políticas públicas en aquellas áreas del Estado que más tienen que ver con sus preocupaciones cotidianas.
Resulta una ironía que los pensamientos más nobles que se han producido en nuestra América, hayan carecido de la vitalidad necesaria. Tenemos una larga historia de hechos comunes, literatos, políticos e historiadores que ha exhortado a la unión de los pueblos. Tal vez se trató en la mayoría de los casos de lograr una amalgama por medio de aspectos más concretos, materiales, que permiten visualizar con más claridad la viabilidad de algunos principios y a la vez tener una noción más exacta de la vulnerabilidad de nuestras naciones.
Y como los ciudadanos, los medios y lo que se denomina la opinión pública de nuestros países dan por descontadas las reformas y creen que ya son objetivos alcanzados, se ha ido formando una nueva agenda sobre la cual se demanda la atención de nuestros gobernantes y de las instituciones políticas. Esta nueva agenda es más compleja, tiene objetivos más amplios y difusos, es más difícil de cuantificar y cualificar en su evolución, y sus resultados muchas veces solo se pueden medir con el transcurso de los años. Tenemos que aceptar que en muchos países americanos los ciudadanos empiezan a cansarse de que la discusión económica el discurso pardo de las complejas estrategias que buscan interés particulares de las naciones y más concretamente de imperios económicos de las potencias mundiales.
Muchas personas empiezan a mostrar fatiga al oír hablar de privatizaciones, coyunturas fiscales, políticas comerciales, nivel de reservas internacionales o crecimiento de la oferta monetaria o déficit de la cuenta corriente. Y debemos aprender a interpretar que es lo que buscan algunos cuando agitan nuevos temas o cuando culpan a las reformas económicas de algunos de nuestros males ancestrales. No podemos enjuiciar o menospreciar a quienes de una u otra forma, aunque sea utilizando motivaciones o argumentos que no compartamos, reclaman resultados en la lucha contra la pobreza, en una mejor distribución del ingreso, en el crecimiento de los salarios reales de los trabajadores, en menores cifras de desempleo o en un sistema educativo acorde con los requerimientos de la globalización y la revolución de las comunicaciones.

Las comunicaciones en el proceso de la integración
Los medios de comunicación han tomado cada vez más relevancia en la realidad política de los Estados y por consiguiente se constituyen en un protagonista de primer orden para la construcción de posibles de alianzas que fundamente la Integración de los países.
Y es precisamente la influencia que ejerce en el pueblo y en los problemas políticos, que los medios de comunicación influyen en las prioridades que los medios masivos consideran como agenda para tratar en las mesas de negociación, como su herramienta más fuerte para mantenerse en el poder. Es allí precisamente donde ciertos dirigentes habidos del manejo de una simbología que llega al público, han desarrollado un protagonismo que los ha mantenido dentro de las esferas políticas que conjugan el ejercicio de la legitimidad del Estado. Este desarrollo de la imagen sobre los planteamientos de gobierno, intervienen en cualquier proceso normal para acercamiento del poder.

Este fenómeno conjuga los acontecimientos en toda Latinoamérica. En Colombia, por ejemplo, no son distintas, durante el último período presidencial, el manejo de los medios ha fundamento el manejo de políticas, sobre todo internacionales, para la obtención de ayudas para el Plan Colombia.

“Los medios como entorno modela y remodela el carácter nacional y los modelos contemporáneos de sentimientos y pensamientos (...) Los medios es el contexto donde la mayoría de nosotros percibimos el mundo, pensamos sobre política, sobre entretenimiento sobre información sobre cualquier cosa”.
[2]

Los medios entonces crean figuras que entretienen al público pero que distrae la atención por los programas de gobierno. Alrededor de esto los citados presidentes se encargan de manejar todo un acontecimiento a algo tan simple como el interés nacional, Conformando toda una parodia alrededor de cualquier hecho.

Se encuentra también enmarcado en la situación que se maneja en Venezuela. Donde el presidente Chávez por una parte enfrenta constantemente a los mass media tradicionales de Caracas y de todo país, y por otro mantiene cada ocho días un programa radial y televisivo, donde expone sus políticas internas y externas, que gracias a los avances electrónicos tienen la capacidad de ser transmitidos en gran parte del hemisferio. Fue allí precisamente, en este escenario, donde el Presidente expuso su inconformismo por la próxima firma del TLC, que realizará Colombia con Estados Unidos. Así mismo, respecto a naciones como Perú y Ecuador que tienen la misma intensión de conformar un grupo que maneje las relaciones económicas y políticas de los países Andinos con Norteamérica.

Situación que aprovecho Chávez para desprestigiar el gobierno norteamericano y salirse del Acuerdo más antiguo de Latinoamérica, como es La Comunidad Andina de Naciones. Sin embargo esta situación aún no se formalizado, caso contrario paso como el Tratado del Grupo de los, conformado por Méjico, Venezuela y Colombia y el cual, después del tiempo de reposición, se formalizó el retiro de Venezuela.

Todos estos acontecimientos involucran a gentes políticos que de una u otra manera les conveniente ser mencionados. Como desarrollo de una imagen, que de por sí, se fundamenta en el compromiso de personas públicas. Por el momento, los gobiernos se mueven entre congresos y conferencias, para mantenerse en el juego político. Juego que se desarrolla dentro de los medios de comunicación como agentes fiscalizadores, de denuncia o de privilegios; guardados a cualquier miembro de su colectividad.

Los medios entonces, constituyen la forma más segura de llegar al poder, si bien hay que recordar que una audiencia activa no necesariamente significa una audiencia critica, si es la encargada de colar a los programas de gobierno, que por diferencias intervienen en el proceso de descalificación que se le da o no, y mantenga más privilegios que los noticieros puedan darle, frente a los hechos que dominan la atención del publico. Si bien no representa un factor determinante sí desequilibra en cualquier momento las encuestas de desacuerdo con el actor que mantiene el poder.

El control de los medios de comunicación condiciona el ejercicio del poder otorgado por los actuales gobernantes de la zona andina.


Integración y subordinación


Todos los factores que hasta el momento se han manejado, tienen como fundamento captar la importancia de diseñar elementos que argumenten la conducción que deben tener los gobiernos latinoamericanos en el desarrollo de sus relaciones con los bloques ya existentes y se proyecten a la interacción con el país del norte.

Sin embargo existe otro elemento que viene de la mano de la integración económica tiene que ver con el fundamento de interacción cultural, en un pueblo cada vez más compenetrado con sus raíces como se le conoce al pueblo Latino. Es así que los conceptos se ven disminuidos por la falta de realidad estatal gracias a la globalización económica y cultural las cuales diluye las fronteras nacionales y las identidades asociadas, a la mínima realidad mientras la diferenciación sociocultural se hace más visible dentro de las propias sociedades nacionales.

Si el Estado-Nación, durante mucho tiempo construyó los espacios de integración cultural, política y económica se constituye ahora en la tensión entre lo local y lo global, entre la “cultura-mundo” y las identidades culturales específicas y diferenciadas: ¿desde dónde se integra la cultura, o cuáles son las relaciones de fuerza ante la ausencia de la instancia nacional en esta materia? Pareciera que la tensión entre cultura y política, en un espacio globalizado de intercambio simbólico, se da como tensión integración/ subordinación.

La cultura se politiza en la medida que la producción de sentido, las imágenes, los símbolos, iconos, conocimientos, unidades informativas, modas y sensibilidades, tienden a imponerse, frente al movimiento del mercado y su preponderancia frente a los hechos, según las cuáles sean los actores hegemónicos en los medios que difunden todos estos elementos. La asimetría entre emisores y receptores en el intercambio simbólico se convierte en un problema político, de lucha por ocupar espacios de emisión/ recepción, por constituirse en interlocutor visible y en voz audible.

Mientras avanza, a escala global, un statu quo que estandariza económicamente por el lado del capitalismo, y políticamente por el lado de las democracias formales, adquiere mayor conflictividad el ámbito de la cultura y la identidad.

No es pues casual que muchos autores ocupados del tema de la globalización se planteen la tensión entre la integración y la subordinación. En otras palabras, cabe plantearse desde América Latina si también en esta fase de “culturización de conflictos” mantenemos una posición subordinada o nos integramos sin perder las identidades que nos recorren.

Una visión que calificaría de “optimismo relativo” es la de Daniel Mato. Según Mato, en el terreno de lo cultural la globalización se caracteriza principalmente por la transnacionalización en la producción de representaciones sociales, dinámica en la cual se entrecruzan tanto actores locales como globales y que modifica expresiones culturales como “identidad” y “sociedad civil”, sobre las cuales tradicionalmente se ha construido el orden político. Esta reconfiguración conceptual produce a su vez una reorientación de las prácticas de algunos actores, fortaleciendo las posiciones de los actores globales y creando redes bilaterales con actores locales, fomentando su participación en eventos y redes de trabajo.

Más concretamente, la formulación de nuevas representaciones de raza, etnicidad, ambiente y desarrollo sustentable en nuevas redes globales se ha desenvuelto, de acuerdo con Mato, a partir de la producción de códigos y categorías lingüísticas transnacionales como biosfera, biodiversidad, sociedad civil y otras.

Esta reflexión realizada por el autor repercute en la teorisación de nuevas maneras de conocer y ver el mundo por medio de la simbología, conceptos que el pueblo y las naciones latinoamericanas señalan como claves dentro de una profundización de la integración, donde hasta el momento se complace entre las deficiencias de su cultura y la falta de características integracionistas de cada uno de los países.

Al pretender que cada pueblo se sostiene políticamente, por medio de sus creencias culturales, es tener una falsa de idea de competitividad frente a las nuevas exigencias globales. Sin embargo esta inquietud todavía tiene fuerza en algunas representaciones sociales y se sostiene gracias al interés de algunos gobiernos, en mantenerlo.

Ellas apuntan a la conformación de un discurso y un sentido transnacional que orienta la acción de los actores alternativos tanto globales como locales y que, por tanto, sustenta una suerte de alianza de intereses entre éstos orientada hacia un programa de acción transnacional alternativo a los discursos hegemónicos. El diagnóstico de Mato advierte la interesante posibilidad de producir una “globalización desde abajo” que actúe como respuesta a la globalización desde arriba liderada por los grupos transnacionales hegemónicos, permitiendo así la sustentación y el fortalecimiento de “representaciones de peculiaridad cultural” expresadas en distintas organizaciones cívicas con sus propios proyectos de acción.

Mato da un paso adicional de fuerte autorreferencia. Plantea que un ejemplo de estas redes horizontales, que hace un uso contra-hegemónico de la globalización cultural, es el de los Cultural Studies (estudios culturales), que permeabiliza a ciertos académicos del Norte y el Sur, y de Occidente y Oriente, en una dinámica de pares que construye el aspecto dominante de la globalización cultural y da voz a las afonías subalternas. Los Cultural Studies, con sus centros en Estados Unidos y Gran Bretaña, se cruzan hoy con investigadores diseminados en centros asentados en América Latina, desarrollando líneas de trabajo que trascienden las fronteras disciplinarias y fomentando la remodelación crítica y reflexiva de las propias tradiciones de trabajo en la región.

Para Néstor García Canclini, la agenda integradora de la globalización, en el campo del intercambio mercantil, contrasta con otra agenda “segregadora” y “dispersiva” de la globalización que se refleja en los estudios sociológicos y antropológicos. Siguiendo con los conocidos planteos del autor, en las hibridaciones culturales de quienes permanecen diferentes se exteriorizan los choques y las segmentaciones de una globalización cultural que es mucho menos homogénea de lo que suele plantearse.

Desde esta perspectiva renace, se refuerza y se transforma su vínculo de interacción con la ciudadanía, concepto que también adquiere un renovado cariz principalmente en lo referido a las condiciones existentes de integración y participación: “Se trata de estudiar si esa oferta y esos modos de apropiarla son los más adecuados para que los diversos sectores de la sociedad puedan reconocerse en sus diferencias, logren una distribución más justa de los recursos materiales y simbólicos, se confronten solidariamente dentro de la nación y con las otras naciones” (García Canclini). En síntesis: desarrollar programas para reducir las desigualdades en el acceso a la cultura y garantizar escenarios públicos y circuitos comunicacionales para la renovación de los sujetos.

El texto de Jesús Martín Barbero y Ana María Ochoa (1999) apunta también a desmenuzar propositivamente la paradoja de la globalización. Esta última habría entrado a jaquear la estrategia moderna de deslegitimación de lo particular diverso, abriendo el campo valorativo al juego de las diferencias y singularidades.

De cierta forma la crisis y consecuente erosión en los mapas ideológicos institucionalizados por la modernidad ha provocado el desmoronamiento de las categorías interpretativas existentes hasta ahora, derivando en una visión dual según la cual las construcciones identitarias se alzan o como factor de desarrollo o como factor de antimodernidad. Esta tensión está en pie y en este sentido el cruce entre política y cultura pasa por esa dualidad.

Esta ambivalencia se ilustra a partir de los nuevos procesos comunicativos promovidos por la globalización. Estos procesos se encuentran en la médula de la tensión entre desfallecimiento y autoafirmación cultural: pueden constituir otra forma de amenaza a la supervivencia cultural o también una nueva posibilidad de romper con la exclusión.

En este contexto, afirman Martín Barbero y Ochoa, adquieren relevancia y rol las políticas culturales –es decir, se politiza la cultura en cuanto se vuelve campo de lucha para revertir la exclusión por el lado de la mayor polifonía de voces en el intercambio simbólico. Sin embargo los propios autores advierten sobre los obstáculos para este desenlace positivo respecto de la auto-afirmación de las identidades subordinadas o excluidas: en el campo económico, la privatización de las comunicaciones, a lo que cabe agregar la concentración del poder mediático en las grandes fusiones transnacionales; y, del lado político, la falta de compromiso del Estado con políticas culturales que apuesten a una mayor democracia comunicacional.

Los autores ven en la cultura un ámbito desde el cual puede interpelarse al Estado de manera que éste renueve su propia disposición. En esto Martín Barbero y Ochoa depositan fuertes expectativas en la cultura como un campo crucial de transformación tanto de lo político como de lo público, y donde las transformaciones puedan apuntar a revertir prácticas endémicas de exclusión. La cultura sería el lugar desde el cual repensar canales de integración siempre que lo político se abra a esta suerte de “vocación democrática” del espacio cultural. ¿Y dónde leen los autores esta vocación democrática de la cultura y esta fuerza integradora, tanto en el ámbito nacional como global, de la producción cultural?

Primero, en la proliferación de nuevos actores comunicativos, que asumen y representan la diversidad regional y local existente a través de radioemisoras, televisoras locales y video popular. Segundo, en la incipiente puesta en escena de lo latinoamericano en los medios globales. Estas señales desde la cultura son los elementos para una nueva construcción utópica, a saber: reinventar y reconstruir el relato de la identidad a partir de la conjugación de lo oral, lo escrito y lo audiovisual/ informático en pos de impulsar lo local/ particular en el intercambio global.

Más escéptica es la posición de Esteban Mosonyi, para quien “lamentablemente, el feto de la actual globalización neomilenaria está naciendo con notorias deformaciones, tanto de origen genético como ambiental. Está programado para devenir en un bebé macrocefálico llamado vulgarmente libre mercado mundial.

Mosonyi también se sitúa en el campo de la lucha política por la producción de sentido a escala global, pero inmediatamente reconoce en el modelo predominante de integración una lógica de subordinación total, sean plutócratas frente a excluidos o países opulentos frente a otros famélicos.

Para Gustavo Lins Ribeiro definir la relación entre identidad nacional (culturas nacionales) y prácticas políticas pasa necesariamente por abordar la condición de “transnacionalidad” (1999). Dicha transnacionalidad remite a un nuevo nivel de integración y representación de pertenencia y, por lo tanto, transforma los escenarios de acción tradicionales. El cruce cultura/ política toma cuerpo en los desafíos de contrabalancear la cultura hegemónica, transformar las condiciones de ciudadanía, y regular y ordenar el nuevo contexto que surge de la transnacionalización.

Con base a lo anterior, la propuesta de Lins Ribeiro apunta básicamente a la creación y el fortalecimiento de una “sociedad civil global” que a su juicio se representa actualmente en “una comunidad transnacional imaginada/ virtual cuya dinámica material (...) es un símbolo de las nuevas tecnologías de comunicación, sobre todo, Internet”, y cuyas principales características estarían dadas por su “testimonio a distancia (y su) activismo político a distancia”.

A su vez la condición de “post-imperialismo”, complementaria a la de “transnacionalidad”, conlleva también la superación de algunas formas institucionalizadas por la modernidad, principalmente en lo relativo a la superación del Estado-Nación como condición para la planetarización del mercado financiero y la producción a escala global. La revisión de estos nuevos condicionantes también es requisito para la formulación y conformación de una sociedad civil global.
Sin embargo, Lins Ribeiro introduce una nota de ambivalencia e incertidumbre respecto del destino de las nuevas tecnologías, que simultáneamente auguran perspectivas de intercomunicación y de exclusión en la era transnacional. Por una parte, y tributaria de la ideología del progreso, la visión eufórica ve en la informática una nueva religión y en la computadora un nuevo mesías. Por otra parte, la perspectiva apocalíptica nos coloca frente a una tremenda desigualdad en la distribución de bienestar social, de poder político y de activos económicos, reforzada por el acceso segmentado a la tecnología.

La ambivalencia señalada vuelve a politizar el problema de la circulación cultural: no está dado el desenlace y sus signos se resuelven en un campo de “lucha por la circulación” más que por la producción. Para Lins Ribeiro, lo que es importante ante esta situación es “aumentar el pluralismo y el peso específico de la circulación ‘heteroglósica’de narrativas y matrices de sentido en los aparatos que dominan las redes globales de comunicación” y, en el ámbito nacional, redefinir el lugar de las identidades atribuidas a segmentos étnicos minoritarios.

La relación entre cultura y política no puede reducirse entonces al formato convencional de las políticas culturales. Evelina Dagnino propone desplazarse hacia la carga semántica del concepto anglosajón de “cultural politics”, que pone el acento en la relación más constitutiva entre política y cultura (1999). De acuerdo a este concepto, la cultura como concepción del mundo y conjunto de significados que subyace a las prácticas sociales no puede pensarse haciendo abstracción de las relaciones de poder que atraviesan esas prácticas. Por otra parte, las relaciones de poder expresan, producen y comunican significados, por lo cual también tienen una dimensión simbólica fundamental.

Dagnino propone una rearticulación de este vínculo cultura-política en el campo de la ciudadanía y de la intervención en los espacios públicos. En la medida en que se redefina la ciudadanía sobre la base de la nueva centralidad de lo cultural en muchos movimientos de defensa y promoción ciudadana (de mujeres, de homosexuales, de negros, de indígenas), lo cultural reemerge en lo político con mayor fuerza y vocación democrática. A partir de la experiencia del Brasil, Dagnino señala que estas resignificaciones, que vienen del lado de la autoafirmación cultural, también resignifican la política y cuestionan sus matrices dominantes. Es en “lo público”, más que en lo estatal, donde se da hoy la lucha por la apropiación de sentidos y la visibilidad de actores. En lo público se reconoce al otro como portador de intereses y derechos legítimos, vale decir, se “hace” cultura democrática.


Tomando como base los planteos de los autores recién citados, y que he sintetizado de manera comprimida sobre la base del eje integración-subordinación quisiera, en las páginas siguientes, repensar dicho eje en cuatro aspectos adicionales, a saber: las brechas entre integración material e integración simbólica en la nueva fase de modernización latinoamericana y los alcances que deben manejar un pensamiento reflexivo por los nuevos alcances de la integración latinoamericana frente al mercado de Estados Unidos.

La integración es la solución

El cambio que esta sufriendo la humanidad, esta sujeto a las diferentes variantes de Competitividad que incluyen los procesos biológicos de cultura y sociedad. La integración, tanto en la soluciones como en los problemas no busca sólo ventajas económicas a escala unitaria. Busca a orientar ese esfuerzo, a proveer, reglas claras y equitativas que favorezcan a la sociedad y la inversión para crear garantías en ciertos aspectos relacionados con el comercio con otros países, la solución a problemas globales y la conjunción de diferencias regionales para buscar una verdadera integración podría ser la solución al enredo de la política internacional actual de los países andinos.

El proceso de integración no busca solamente las ventajas de las economías a escala. Está orientado, a su vez, a proveer de reglas claras y equitativas que favorezcan la inversión y que den garantías en distintos aspectos relacionados con el comercio, como la propiedad intelectual, el medio ambiente y las normas técnicas.

La integración regional es un instrumento necesario para cumplir con el objetivo prioritario del actual modelo de desarrollo económico: producir y exportar productos con un creciente valor agregado nacional. Este es un tema de real importancia, puesto que la economía de nuestras regiones gira en torno al desarrollo del comercio con los Estados Unidos. Y este es un poder, que bien sabe aprovechar.

Es allí cuando empiezan a influenciar en ciertos parámetros los estamentos y comportamientos del Gobierno, con respecto a temas de exclusivo trato interno. Y así, otros tantos puntos donde la Casa Blanca se siente con el privilegio de arruinar la soberanía en pro de lo que llaman ellos, la Democracia y la Libertad.

Además la consolidación y profundización de los acuerdos existentes así como la negociación y puesta en marcha de nuevos acuerdos regionales, va ampliar efectivamente los mercados y la integración entre países.

Por lo tanto, acciones directas en conjunto encaminadas a solucionar los problemas camunales y no individuales permitirá en las próximas décadas tener y creer en una zona menos convulsionada.


BIBLIOGRAFÍA

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5. César Gaviria, Secretario General Organización de los Estados Americanos
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10. Medios de Comunicación y democracia. En : Telos No 29 marzo - mayo 92.



[1] GODOY, Horacio. Agenda Presidencial. Edi. OIEL. Buenos Aires. 2000

[2] Medios de Comunicación y democracia. En : Telos No 29 marzo - mayo 92.
[3] GINESTA, Jacques. PRIMERAS JORNADAS MULTIDISCIPLINARES DE INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA. Asociación de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. 1998.
[4] PEREZ, Carlos Andrés. LA GEOPOLÍTICA DE LA INTEGRACIÓN EN AMÉRICA LATINA. En : Banco Interamericano de Desarrollo: �浥䅜Ξr瀀耀朒慲d 瀀耀琏�ސ�n-politica/comunicacion-politica.shtml�ǤĈD�C:\DOCUME~1\USER\LOCALS~1\Temp\VBE��la Integración Latinoamericana en la década de los noventa. Venezuela.
[5] REITON, Per olav. Elementos cognoscitivos y valorativos en los programas latinoamericanos de integración. Revista de integración No 20. 1999.
[6] TUGORES QUES, Juan. ECONOMÍA INTERNACIONAL. Globalización e integración regional. Editorial MacGRaw Hill. Quinta Edición. 2005.
[7] César Gaviria, Secretario General Organización de los Estados Americanos

1 comentario:

20 Años Después. dijo...

Este articulo le da a conocer al lector la importancia que durante décadas tiene la Globalización, el liderazgo los desafíos y la capacidad de hacer una buena gestión en el mundo,En el escenario actual, la economía colombiana y el mercado internacional el proceso de globalización y el avance de los diversos sistemas de integración han sido muy favorable, se han logrado importantes resultados en cuanto a relaciones internacionales se refiere a nivel mundial; Estados unidos y la Unión Europea han centrado su atención en los principales problemas colombianos que constituyen una barrera para el desarrollo del país, problemas como la subordinación de lo publico, deslegitimación del estado, perdida de convivencia ciudadana, conflicto armado, ilegalidad, narcotráfico y de igual manera la violación constante hacia los derechos humanos, los que de alguna manera comprometen en forma grave la incorporación positiva de Colombia en el mercado internacional tanto en los procesos actuales de globalización como en la integración de las Ameritas,

Subordinaciones por parte de otros paises, paises que afectan el nuestro, es de vital importancia el conocimiento y la realidad a la que nos lleva leer este articulo, y es ironico saber, que estamos avanzando y las cosas siguen igual.